"Quiero ser ...
el rojo del amanecer" .Cuando comencé a trabajar, fue por la mañana, siempre madrugando. El momento de ir a dormir era para mi uno de los placeres del día y aún hoy sigue siéndolo. Cerca de los 20 años, descubrí el secreto de ese placer. El descanso traía sueños, a veces pesadillas, que me resultaba fascinante a la mañana siguiente recordarlo, escribirlo y analizarlo.
Claro que para ello, tenía recursos que la terapia me había aportado, y en una suerte de ejercicio al cabo de un tiempo los sueños eran muy reveladores, y comprendí que estaba en mí prestar atención o no, recibirlos en cierta manera como un regalo, una señal, alerta o aviso para ir eligiendo los caminos a seguir.
Los sueños no son los únicos responsables de las posturas o caminos que decido, también lo es mi cuerpo, quien se encarga de pasarme la factura y hacerme reaccionar cuando me niego.
Sueños ... como si de un viaje se tratara. A diferentes sitios, a veces con dificultades, otras no; con días de mucho sol y otros de fuertes tempestades que lo barren todo de un plumazo; con gente que mira, abraza y sonríe, otros que mantienen distancia desconfiando un poco. Algunos de ida y vuelta, otros sin regreso, generando pérdidas. Pero es mi viaje al fin, y tengo la convicción y la fuerza de hacerme cargo … y lo disfruto. Silvana.








